Una entrada de vehículos o sendero de grava sin estabilizador obliga a reponer árido con frecuencia: la grava se pierde arrastrada por los neumáticos, se dispersa hacia la calzada o queda enterrada en el terreno. Como la grava representa el mayor coste del proyecto, instalar una rejilla para grava es la decisión más rentable para evitar esas pérdidas.
Las rejillas IBRAN-X incorporan un diseño exclusivo que las hace aptas para cualquier condición climática, con una capacidad portante de 500 toneladas por m² y una garantía mínima de 25 años. Mantienen la grava firmemente bloqueada en su posición, incluso con un acabado discreto en el que las rejillas quedan ocultas bajo el árido. Son fáciles de cortar para adaptarse a cualquier geometría y, al estar fabricadas con plástico 100% reciclado, los recortes pueden depositarse en el contenedor de reciclaje doméstico para reincorporarse al ciclo productivo.

Además de retener la grava, las rejillas constituyen una base ideal para estructuras exteriores: evitan que cobertizos, invernaderos y casetas de jardín se pudran o deformen, eliminando el coste de sustitución prematura.
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